jueves, 9 de abril de 2015

Chomp, chomp.

Cuando mi vida se resumía en lágrimas y recuerdos mortificantes sin final, llega otra época que veía venir desde hace ya un tiempo, pero no permitía su instalación. ¿Dónde estoy ahora? En el umbral, un pasadizo secreto que promete estabilidad y calor, una vida sencilla y abundante, con los reveses de cualquier otra. Río muchísimo, aún con la incertidumbre del futuro. Camino, corro y me detengo, sólo para pensar un instante. No importa a donde vaya, aquello está presente. Aunque evite todo lo que traiga recuerdos a mi mente, aunque niegue y aunque extermine, todo no es más que un simple intento. Prefiero dejarlo así.

Ya no pienso ir más en contra de cualquier evento que me proponga cosas nuevas, ya no pondré resistencia a los eventos venideros. Al final, todo pasa. Ahora cuento pestañas cuando solía fijarme en sonrisas. Cualquiera de las dos cosas, aunque distintas, me provocan una pequeña felicidad. Ya no importa si tengo dedos o no, la gente que me ama, siempre estuvo ahí aunque yo no notase su presencia. Llegó un momento donde pude divisar un poco de madurez y decirme a mí misma: No eres la única que sufre, y lo peor es que tú eliges estar así. Nadie de los que su opinión yo tomaba tanto en cuenta, eran realmente importantes. Incluso, le tomaba importancia a las personas incorrectas y, la única razón por la que no ocurrió un cambio significativo, es porque no me atrevía a seguir las sugerencias de las personas que realmente me amaban. Aman. Aún.

Ahora, a distancia, aún puedo sentir frágilmente aquel calor que en otros tiempos me envolvía. Esta es una nueva época. El pasado sigue presente pero con la misma discreción que el futuro. No hay ningún tiempo para mí que ahora. El reloj avanza, alcanzando aquello que se denomina futuro, pero yo sé que aún no llega. Mi vida se centra en lo que puedo hacer hoy, mañana es otro asunto. Mis letras son atemporales, pueden ir y venir de tiempo en tiempo y nunca deformarse, por mucho que parezcan diferentes.

Hay muchas estrellas en el cielo, siempre pierdo la cuenta y aunque llegase a tener el número exacto de las que se encuentran ahí arriba, sería nulo, puesto que vivo millones de años desactualizada. Así eran mis conjeturas; supuestamente ciertas, relativamente exactas y al final, totalmente erróneas. Quizá así se aprende, quizá no. Igual y seguiré fallando o encontrando nuevos errores. Cuánto dolor se presenta, ya no siento culpa -o quizá un poco, un poco solamente-, prefiero llamarle responsabilidad. La culpa está ahí, la responsabilidad la asumes. Se siente mejor. Así puedo equivocarme, cagarla terriblemente en términos coloquiales, pero hacerme cargo de ello sin victimizarme.

Me doy de topes en la pared por no haber hecho esto antes, mas me detengo inmediatamente ya que no tiene caso lamentarse por lo pasado. Sí, no tiene caso. Ninguno. Por algo surgieron las cosas de este modo y sin este modo, no me habría dado cuenta de todo lo malo que hay en mí. ¿Que si he eliminado algún error? Ninguno. Pero por algo he empezado, por amarme. Amarme es comer bien, arreglarme como mejor me sienta y no como "mejor luzca", sacrificar sufrimientos absurdos y reír por las simplezas. Amarme es valorar cada parte de mí y ser más activa, más observadora pero no la mejor, ni pretendo aquello. Solamente desarrollar mis sentidos y reparar cada parte de mi cuerpo para su correcto funcionamiento.

Se vive mejor, se ama mejor, se duerme mejor, uno es mejor, cuando come mejor. O dijera Virginia Woolf: "Uno no puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si no ha comido bien". Ya, se ido, no tengo más inspiración. Sólo queda hacer la tarea de Filosofía y lo demás.

No hay comentarios: