domingo, 12 de abril de 2015

Asaltos de una noche improvisada.

Me asaltó una duda: no sabía si escribir aquí o en mi Tumblr. En ninguna puedo mantener ya una privacidad y es ridículo solicitarla puesto que es internet, y al mismo tiempo, tengo el deseo de compartirlo -sabiendo que en cualquiera de los dos, tengo un público específico- pero de forma discreta, como las cosas que se gritan en silencio o el silencio delator en una conversación de enamorados.

Este día fue de los más extraños: me levanté con dolor, una fuerte diarrea hizo de mí su voluntad y aun así, tomando fuerza de algún lado intangible, hice la tarea. Me aparté de todo y todos encerrándome a leer, sin pensar que una que otra llamada me interrumpiría dulcemente para saber mi estado actual de salud. Volví. Leía por obligación pero con el interés de una lectura voluntaria. Las idas al baño eran eventuales y tardadas. Pasé a la mesa dispuesta a comer un desayuno austero que me supo a gloria y a pesar de la exagerada hambre que tenía, decidí ser modesta, aparte del asco que sentía por todo. Me retiré, di las gracias alegremente y me volví a mi cuarto para seguir leyendo.

Nunca había leído literatura italiana. Ahora puedo decir que me gusta. Las peripecias de la historia me resultaron familiares e incluso hubo un poco de empatía para con los personajes, cosa quizá ridícula por su inexistencia, pero por alguna razón lo sentí tan real como si pudiese pasarme en cualquier momento de mi vida. Cosa más real que cualquier personaje.

Mientras leía veía a mi tío pintar la puerta, en silencio, sabiendo que me fastidio con facilidad, pero no porque yo se lo haya dicho sino por las constantes -e innecesarias- interrupciones de mi madre. "¿Quieres un café? ¿Te abro la ventana? ¿No te quieres bañar?", la ola de preguntas me llegaban justo cuando leía las líneas más interesantes. Y lo peor: lo preguntaba a cada rato. Como niña mimada respondí: No, ya vete. Con tono burlón se iba respondiendo: "Uy, de todo te enojas", sabiendo perfectamente que esa clase de respuestas me fastidian más aún. No había opción: era la única arma con la que ella podía defenderse después de tan grosera respuesta. A veces surge la necesidad de "ganar" en pequeñas discusiones pasajeras para no quedar como un tonto. Ella tuvo esa necesidad y comprendiéndolo, decidí no responder nada y tragarme el minúsculo enojo. Después lo pensé un par de segundos y me dije: "Bah, menuda estupidez, es cierto: no debería fastidiarme por eso". Volví a mi lectura. Escuchaba los brochazos de mi tío y el sonido placentero que producían las hojas al cambiar la página, aquello me relajaba. Se formaba una pequeña música: La pintura escurriendo, las hojas, la respiración agitada de mi tío y el ruido de mi cabello cuando acomodaba la almohada. Eso como primeras voces; faltaba añadir los gritos de los niños y los ladridos de los perros en la calle...

El dolor de estómago atacaba a ratos haciéndome reanudar la lectura varios minutos después. Otras veces, interrumpía mi lectura porque pequeños pensamientos se atravesaban en los renglones como imágenes tangibles. Pensaba en él, luego en el otro también denominado "él", luego en ella, la otra ella... Pensaba en todos hasta que ese conjunto llegó a una sola conclusión: yo misma. No podía echarme para atrás. Me puse existencialista.

Para mi suerte, ya no hice aquello que solía hacer en días pasados: hundirme en mis pensamientos y las emociones que éstos desataran. Me obligué a seguir leyendo pero permitiéndome perder la concentración en pequeños lapsos para no estallar después ante el cúmulo de pensamientos. Exitosamente logré terminar la lectura, un par de llamadas le sucedieron a este evento y me dispuse a cenar. Ya había comido antes pero nada extraordinario tenía aquello. Inmediatamente preparé mis alimentos, derrochando amor en movimientos suaves y cadenciosos de la mesa a la estufa, entonando una canción inventada con frases como: "amo comer, mi pancita es feliz". Me conecté, me dispuse a chatear cómodamente y ahí, como si los llamase, llegaron esos pensamientos de nuevo.

La universidad, el amor -por no decirle relación que no es relación, pero queda claro que existe una relación-, el bachillerato y las canciones nostálgicas. Me encanta escuchar música, pero tengo el terrible defecto (¿lo será realmente?) de pronunciar una canción específica para cada etapa que esté viviendo. Ya había pasado Miranda!, Foo Fighters, Jean Michel Jarre, Kitaro, Queen, Chopin, Love and Rockets y ahora Cage The Elephant. Podía resumir mis pocos años en canciones, pero sería una lista que sólo yo podría entender, ya que cada una tiene una carga emocional, una historia que sólo yo -aunque estén implícitas personas- sabía por completo y más porque eso se relaciona directamente con los demás pensamientos, los del amor y consecuentemente, la universidad. Por primera vez, me preocupé más por mi nivel académico que por alguna relación. Más bien me importó más la relación que tengo con los estudios que con alguna persona. Esa importancia, era como darme amor a mí misma, me preocupaba por mí y no por otros -o mi situación con otros-.

Sentí placer, un placer que no experimentaba desde hacía años. Hasta hace unos meses era una persona fuertemente dependiente de otra y hoy, los recuerdos se van borrando o mejor dicho, el recuerdo ya no me perturba como antes. Hasta siento que fue un sueño, y me causa gracia porque sufriendo tanto hace meses, rogaba porque todo fuera un sueño, y ahora, lo sentía de ese modo. Ya puedo percatarme de muchos detalles, insignificantes en otro tiempo: la postura de mi cuerpo, la flacidez de algunas zonas, el aumento de otras y todas las minúsculas -pero que si se cambian producirían un efecto inmenso- partes de mí que ya había notado, pero que no les daba la atención suficiente, de pronto se volvieron prioridades. Me sentí dueña de mí misma, demasiado segura, tanto que si se asomaban pequeñas inseguridades, las destruía de inmediato pero no con el fastidio de acabarla para no tener ninguna, sino con un amor implacable que invitaba cortésmente a la inseguridad marcharse. Era extraño, pero por más que quisiera asustarme la idea, no lo hacía. Podría jurar que empezaba a divisar aquello que lo hombres llaman felicidad. Yo diría que es aceptación.

Ya había ido a nadar días antes y me puse a prueba sin la rigurosidad de una prueba como tal, al contrario, fue un impulso natural: decidí no depilarme. Tanto piernas como axilas y, detalles minúsculos como el bigote, se dejaron broncear conmigo. Toda la gente me miraba sorprendida, sobre todo las mujeres. Adivinaba en sus rostros muchas cosas como asco por mi vello grueso pero admiración por mi atrevimiento. Desfilaba en un aplauso silencioso y al mismo tiempo, era cercenada por las miradas ante el exceso de seguridad que en mí estaba, y que ni siquiera sopesaba, pues estaba en lo mío, sus miradas las pensaba sólo unos segundos y después reía alegremente con mis amigos. Todas estas conclusiones surgieron días después, remitiéndome al recuerdo y riendo al instante por los prejuicios de la gente. A veces me sentía insegura pero luego como defensa natural surgía mi máxima: "vengo a nadar, no a modelar" y se me pasaba. Sin darme cuenta, ya aplicaba esto para cualquier situación que me produjera inseguridad. Me estaba volviendo asertiva.

Todo aquello me tomó por sorpresa y ahora lo escribo, como si al hacerlo, hiciese oficial y verídico todo lo que sentí. Ya tenía atoradas las palabras y el escrito se formaba ya en mi cabeza pero sin orden. Así es esto de escribir, de pronto corto manzanas y quiero escribirlas pero en vez de una pluma y un papel, tengo un cuchillo. Últimamente la inspiración me llega incluso estando en el baño, con diarrea y dolor. Me dan infinitas ganas de escribir todo, encuentro palabras y trato de retenerlas mentalmente hasta el final del día y escribirlas, pero luego leo o chateo o pinto y se pierden en el universo de mi mente. Me fascina ese juego de perder las palabras, porque las vuelvo a encontrar produciendo esto que ustedes están leyendo.

jueves, 9 de abril de 2015



Aquellas imágenes que evocan un sentimiento profundo, nunca son reveladas
Aquellas imágenes que traen recuerdos felices, son publicadas y luego olvidadas
Las verdaderas imágenes se quedan grabadas en el corazón, de ahí nadie las saca y uno sólo las mete; no se olvidan, pero tampoco se pueden desechar

Chomp, chomp.

Cuando mi vida se resumía en lágrimas y recuerdos mortificantes sin final, llega otra época que veía venir desde hace ya un tiempo, pero no permitía su instalación. ¿Dónde estoy ahora? En el umbral, un pasadizo secreto que promete estabilidad y calor, una vida sencilla y abundante, con los reveses de cualquier otra. Río muchísimo, aún con la incertidumbre del futuro. Camino, corro y me detengo, sólo para pensar un instante. No importa a donde vaya, aquello está presente. Aunque evite todo lo que traiga recuerdos a mi mente, aunque niegue y aunque extermine, todo no es más que un simple intento. Prefiero dejarlo así.

Ya no pienso ir más en contra de cualquier evento que me proponga cosas nuevas, ya no pondré resistencia a los eventos venideros. Al final, todo pasa. Ahora cuento pestañas cuando solía fijarme en sonrisas. Cualquiera de las dos cosas, aunque distintas, me provocan una pequeña felicidad. Ya no importa si tengo dedos o no, la gente que me ama, siempre estuvo ahí aunque yo no notase su presencia. Llegó un momento donde pude divisar un poco de madurez y decirme a mí misma: No eres la única que sufre, y lo peor es que tú eliges estar así. Nadie de los que su opinión yo tomaba tanto en cuenta, eran realmente importantes. Incluso, le tomaba importancia a las personas incorrectas y, la única razón por la que no ocurrió un cambio significativo, es porque no me atrevía a seguir las sugerencias de las personas que realmente me amaban. Aman. Aún.

Ahora, a distancia, aún puedo sentir frágilmente aquel calor que en otros tiempos me envolvía. Esta es una nueva época. El pasado sigue presente pero con la misma discreción que el futuro. No hay ningún tiempo para mí que ahora. El reloj avanza, alcanzando aquello que se denomina futuro, pero yo sé que aún no llega. Mi vida se centra en lo que puedo hacer hoy, mañana es otro asunto. Mis letras son atemporales, pueden ir y venir de tiempo en tiempo y nunca deformarse, por mucho que parezcan diferentes.

Hay muchas estrellas en el cielo, siempre pierdo la cuenta y aunque llegase a tener el número exacto de las que se encuentran ahí arriba, sería nulo, puesto que vivo millones de años desactualizada. Así eran mis conjeturas; supuestamente ciertas, relativamente exactas y al final, totalmente erróneas. Quizá así se aprende, quizá no. Igual y seguiré fallando o encontrando nuevos errores. Cuánto dolor se presenta, ya no siento culpa -o quizá un poco, un poco solamente-, prefiero llamarle responsabilidad. La culpa está ahí, la responsabilidad la asumes. Se siente mejor. Así puedo equivocarme, cagarla terriblemente en términos coloquiales, pero hacerme cargo de ello sin victimizarme.

Me doy de topes en la pared por no haber hecho esto antes, mas me detengo inmediatamente ya que no tiene caso lamentarse por lo pasado. Sí, no tiene caso. Ninguno. Por algo surgieron las cosas de este modo y sin este modo, no me habría dado cuenta de todo lo malo que hay en mí. ¿Que si he eliminado algún error? Ninguno. Pero por algo he empezado, por amarme. Amarme es comer bien, arreglarme como mejor me sienta y no como "mejor luzca", sacrificar sufrimientos absurdos y reír por las simplezas. Amarme es valorar cada parte de mí y ser más activa, más observadora pero no la mejor, ni pretendo aquello. Solamente desarrollar mis sentidos y reparar cada parte de mi cuerpo para su correcto funcionamiento.

Se vive mejor, se ama mejor, se duerme mejor, uno es mejor, cuando come mejor. O dijera Virginia Woolf: "Uno no puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si no ha comido bien". Ya, se ido, no tengo más inspiración. Sólo queda hacer la tarea de Filosofía y lo demás.

viernes, 27 de marzo de 2015

Telescopio



Eres una estrella fugaz con la permanencia de un sol, te miro a través de mi telescopio y me vuelvo una astrónoma aficionada; con las risas, las miradas y los charcos pisados haces del mundo un gran juguete. ¿Adónde me llevas? Mi telescopio no tiene tanto alcance, tendría que volverme astronauta para seguirte en esta aventura incierta. Estrella lúdica, dime qué pretendes porque sólo voy de una órbita a otra viéndote pasar. ¿Me uno a tu viaje o sólo te diviso en el espacio? Dímelo, no con palabras, sino con tiempo.

miércoles, 25 de marzo de 2015

7 veranos



16/03/15

Dame siete veranos:

Uno para llorar,
el segundo para sanar.

Con el tercero bailaría
y el cuarto dormiría.

El quinto lo usaría para espiarte
y en el sexto me descubrirías.

Con el séptimo revelarás
veintiún letras escondidas,
dirás tres veces mi nombre
y mi presencia estará tan cercana
como los dedos de tu mano.

Un rostro}{Otro rostro
Un juego de llaves y dos humanos frente a frente.

Ya no hay viajes, Julio.
No veo ninguna isla, Tomás.
Se acabó el tiempo, Hora.

Enloquecí en unos minutos.
El agua de rosas es mi cura.
Hija mía, alivia mi dolor.
Amada.
A Mandy.
A mi salud.
A cualquier loco que me lea.

Dame siete veranos, aunque no sirvan de nada.
Aunque me ayuden en todo.
Dame siete vidas, cual gato seré.
Dame siete años, siete sombreros y un par de huaraches.

Un rostro}{Otro rostro

Enloquecí con el grafito, inspiración inefable.
Dibujos rancios y un queso imaginario.

Dame agua y dame tierra.
Cúbreme del viento, protégeme del sol.

¿El dolor de muelas provoca alucinaciones?
¿El despecho produce lágrimas?
No Daniela}{Daniela

Un rostro (}{) Otro rostro

El corazón se me ha salido del pecho.
El agua de los ojos.
La vida de las manos.
La fealdad por el rostro.

Siete años en siete días, siete veranos en siete horas.
He compuesto mi propio Tristesse; ahora suena en mis oídos.

martes, 24 de marzo de 2015

Oh, Frédéric...

12/03/15

Cachivacheros, quiero compartirles algo que he pensado un buen tiempo; es sobre Frederic Chopin, un pianista y compositor polaco que me fascina. Sus piezas son bellas y otras sublimes, ni siquiera pueblo explicar lo que siento cuando lo escucho. Lo más curioso es que mi gusto por su música se intensificó a causa de un chico llamado anónimo: me dedicó un nocturno. De ahí en adelante, si existiese una película de mi vida, el fondo musical sin duda sería música de Chopin.

Mientras que los nocturnos pueden explicar la etapa más feliz de mi vida, la marcha fúnebre describe perfectamente el comienzo de un ciclo oscuro y triste de mi existencia. Les hablaré de Tristesse, una pieza que sencillamente se me hace todo menos triste. No sé si Frédéric la compuso porque ese era su estado de ánimo, pero cuando yo la escucho sonrío, ¡es bellísima la composición! La marcha fúnebre, por el contrario, es y siempre será, el himno de mi tristeza así como Spiegel im Spiegel de Arvo Pärt, cada uno en una temporalidad casi unida.

Igual y resulta ridículo para algunos el hecho de expresarse por medio de música, o puede considerarse dramático y exagerado para otros, mas a mí me resulta sublime que alguien se exprese así; a veces la música es más directa que las palabras, y eso que a mí me gusta mucho escribir. Las canciones con letra pueden decirte muchísimas cosas, pero en las palabras no hay más misterio que sin ellas; cuando no existen voces, cuando no hay ninguna letra que dictamine lo que tienes que entender, es más comprensible el mensaje, pues a mí consideración, se escucha con el corazón.

Tristesse puede parecerme alegre y suave, pero para el compositor puede ser la máxima expresión de su dolor y tristeza. La música sin letra da lugar a muchas interpretaciones y malinterpretaciones, pero me atrevo a afirmar que escuchándole con el corazón, se puede entender perfectamente el mensaje. Y entiéndase mi expresión "con el corazón" como el equilibrio entre la objetividad o razón y emoción. Atribuirle sentimentalismos al corazón me parece absurdo, un concepto que sólo confunde a las personas para hacerles creer que sus caprichos y obsesiones son producto del amor. También decir que la razón sólo es obra de la mente me parece de lo más escéptico y materialista, pues es precisamente esta fragmentación la que no nos permite llegar a un conocimiento objetivo y universal.

No soy una erudita en estos temas ni mucho menos pretendo serlo, quizá me equivoco en todo lo que digo o tal vez no, pero no importa mucho tampoco: es lo que pienso y sigo aprendiendo. Quizá mañana deje de afirmar todo esto o probablemente muera con estos pensamientos hasta el fin de mis días, pero es lo que mi neófita cabecita ha formulado "con el corazón". Podría escuchar a Chopin y pensar en Kant, acordarme de Tesla y de Buda (aunque no sepa mucho) o incluso de Shakespeare.

Comprender las cosas de forma anacrónica, como me sucede muchas veces, sólo nos lleva a la perdición; es decir, estancarse en el pasado, pensar en el futuro y sobrevivir en el presente sin pensar siquiera en la vida como un mismo tiempo. Se me viene a la mente la biblia; un libro tan citado y tan poco comprendido que sólo es visto con ojos historiadores o materialistas. Que esto o aquello resulta ilógico o que si lo otro es imposible o absurdo, en fin, siempre fragmentando el conocimiento, el tiempo, la vida. Una vez le dije a este chico anónimo: "Creo que antes había menos ignorancia que ahora" y lo sigo creyendo, quizá hasta lo afirmo pero mis jóvenes ojos tienen mucho por ver aún.

Chopin sólo es un pequeño universo que se extiende a otros que se expanden por el infinito. Así es todo: una conexión, una red, una órbita donde todo gira hacia el mismo lugar. Un sólo punto, el punto.