Acabé de abrir mis ojos, acabé de despertar y me dí cuenta que la guerra había acabado... Es 1945!
Salí a la calle y un rayo de sol me cegó por completo, resbalé y caí en el montón de nieve que inundaba la banqueta; entre ramas, tierra y personas muertas. Esa imagen fuerte e impactante para mis ojos no hacía efecto en mí, ya había visto bastante sangre como para impresionarme ante unos ocho o diez seres inertes abandonados en la calle...
Me empecé a limpiar los ojos, a levantarme y limpiar la nieve de mis piernas para que después pasara un Plymouth Deluxe Touring y me salpicara otra vez.
Era precioso, ya tenía años que no veía un auto tan precioso... No entiendo por qué un coche tan lujoso pasaba en un barrio tan pobre, tan insípido y lleno de restos.
No dejaba de mirar aquel móvil tan hermoso, negro como la noche, y brillante como los faros del mar después de una noche nublada... y abrí mucho más mis ojos cuando un hombre alto, delgado pero vigoroso, de ojos miel y de traje sale de él. Un hombre negro con facha opulenta era raro de ver, sin embargo mis ojos se cautivaron al ver tanta perfección, era simplemente un hombre hermoso...
Lo peor era que se acercaba a mí, hasta volteé a los lados para ver si no se dirigía a otra persona, y no... Yo era su punto de encuentro, parpadeé mil veces y mi sonrisa iluminó todo mi rostro, él me correspondía este gesto al mismo tiempo que metía su mano en su abrigo y sacaba un arma. Mi risita estúpida se tornó a un rostro alarmante, dí vuelta y empecé a correr. Dí vuelta a la cuadra. Él corrió hasta que me alcanzó y con un jalón fuerte me volteó hacia él envolviéndome la boca entre sus manos y un pañuelo.
Justo sentí el tóxico hacerme efecto cuando escuché, "Tu padre traicionó a la Nación, ahora comparte el infierno con Él"...
Sí, sentí la punta de un arma en mi abdomen, sentí desvanecer mi cuerpo y al hombre de mirada maldita alejarse.
Le dije a mi padre que ser de color en este país era igual a ser basura, y más si falsificabas documentos para ser el militar modelo que siempre quisiste ser. Ahora sus sueños frustrados me costaron la vida.
Apenas puedo creer que mi padre se casó con una judía, mi madre. Y apenas si puedo tragar que ella murió en un típico campo de exterminio por salvarnos a nosotros. Siempre tuvieron conflictos maritales a causa de su distinta ideología... Era tan triste contemplar esto todos los días.
Miles de cosas están en mi mente, este momento en el que no sabía que pensar. Y otra vez desperté.
Desperté en un cuarto de hospital, al lado de una pintoresca familia alemana: la niña refinada mayor, el niño mediano de carácter audaz y juguetón y la más pequeña de apariencia tierna y consentida. Y sin lugar a dudas la pareja sonriente de las películas. Me sentí tan confundida. Cómo si me tuvieran raptada en 1970, todo era un clima de paz, tan futurista... como si todos los conflictos bélicos de ayer hubieran sido una pesadilla de la que se puede despertar fácilmente. Y yo, pensando que la muerte de mis padres fue lo mejor que me pudo haber pasado...
"Hola, justo estábamos pasando por tu barrio predicando de puerta en puerta cuando vimos una tira de difuntos esparcidos entre toda la nieve; ayudando a lesionados y accidentados, te encontramos a ti, sonriéndole al cielo con los ojos semi-abiertos. Nos diste tanta ternura que decidimos recogerte y llevarte con nosotros".
Me sentí tan desconfiada. No me dieron buena espina pues sé exactamente que los Testigos de Jehová son seres que Hitler odia con todo su corazón, como a los judíos.
"¿Y cómo es posible que personas de su tipo siendo tan discriminadas estén en un hospital de Berlín con tanta certidumbre?
- "Confiamos en Dios, nuestro Señor... Cargamos con unos documentos falsos".
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