lunes, 17 de septiembre de 2012

Anécdotas de una quinceañera I

Faltan unos meses para cumplir no un año más, sino cumplir otra estúpida tradición. Los malditos XV años.

Odio a mi familia. Odio esta maldita pobreza, odio que quieran festejar algo que no tienen, una hija.
¿Quieren festejar malditos?, ¿Quieren festejar 15 años después de lo que sucedió? Una estupidez hizo que perdiera mi identidad, no sé ni quién soy. ¿Qué le puedo decir a la gente? ¿Que mi rostro es una máscara?

Crecer años y años con esa marca, y encima, incompleta. ¡Soy un monstruo!. ¿Te quieres acercar? Yo diría que te alejaras...

Faltan unos meses para cumplir no un año más, sino cumplir otra estúpida tradición. Los malditos XV años.

¿Quién me hace compañía? ¡Ah, sí!... ¡ Alcohólicos!, ¡pedófilos!...
Hola, ¿quiere tener sexo con una cautiva? Sí, una niña de catorce años que no ha ido a la escuela, no tiene una pierna y que tiene el rostro desfigurado; que recibe golpes y gritos, algunos pedidos y otros sin ninguna razón. ¡Qué cinismo!, XV años... ¿Para que gastar lo que no tengo?, ¿ A quién invito?, ¿DE QUÉ SIRVE?, ¿QUÉ SENTIDO TIENE? No soy un humano... esa es fiesta de humanos... Yo sólo soy volumen y espacio. Sólo ocupo un lugar en este mundo, sólo eso, nada más...



A los diez años tuve mi primera dolorosa experiencia... me regalaron una cuerda de saltar a cambio de un favor...
¡¿QUÉ?!, ¡¿Ese anciano?!
Oh, se fijó en una deforme como yo... una estúpida niña que no puede brincar la cuerda con un pie. Ese asqueroso anciano quiere tener sexo con una analfabeta... ¿Les mencioné que nunca fui a la escuela?

¡CARAJO!

¿Y esa mierda de pastillas que son?, ¿para olvidar todo?...
No me interesa... Ahora en adelante apagaré mi cerebro. Exacto, no viviré, sólo resucitaré para saltar la cuerda. El único placer que sentiré ahora en adelante.

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