Me perdí de nuevo en tu cabello, tus ojos son hermosos, pero nada como tu extraordinaria cabellera que me transmite locura y energía, más tus ojos me emiten amor y misterio, el misterio de aquél ser que me complementa sin razón alguna. Recuerdo la primera vez que acepté el reto, no, más bien el laberinto, el rompecabezas. No tengo un motivo racional del porqué acepté esto, sólo sé que lo hice por amor.
Al caminar por aquellas veredas que abarca el sol, descubrí tu dialecto brillante proveniente de aquél rincón del universo donde habito, casualmente nadie conoce el lenguaje de la locura mejor que tú, mejor que yo. Ese idioma que no todos hablan, que nadie domina. Y así pasaron los años, errantes y misteriosos, con días de júbilo, con días de dolor. Como nuestro primer beso, o el primer abrazo (aún mejor): el choque eléctrico entre nuestros cuerpos emitió el amor suficiente para una eternidad. Es muy poco, lo sé. Yo quiero pasar más de una vida contigo.
Es tan diferente mi amor, tan enigmático, que no puedo explicarlo. Mi amor hacia ti es inefable.
Me haz hecho sonreír, me haz hecho gritar y me haz hecho llorar de alegría y pesar. El laberinto de este relación es muy complicado; siempre descubro cosas nuevas. Cosas inéditas y otras que reafirman mi conocimiento. Sólo puedo decirte que tu locura me complementa.
Disfruto cada instante junto a ti, aunque en ocasiones mis acciones interfieran. Temo perderte por mi torpeza, sin embargo soy feliz sin ti, porque te amo y soy capaz de dejarte ser un ser libre. Jamás te haré daño, sé que es una promesa que ninguno de los dos cumplirá, pero el dolor es algo que podemos evitar. Mi amor no tiene ataduras, me amo y porque me valoro, soy capaz de amar a otro ser, como tú.
Mi locura no tiene precio ni semejanza. Tu locura y la mía se complementan, pero son diferentes. Tu locura es tan inefable como la mía, y como no tiene descripción, eres el Sr. Inefable para mí.
En ocasiones tu amor me hiere, y yo sé que él mío también te lastima. Tus enseñanzas tan complejas me dejan anonadada, como un niño perdido en la ciudad. Yo sé que soy una aprendiz insubordinada, fácilmente maleable y con una inteligencia increíble pero poco aplicable. Eres un maestro muy difícil de alcanzar, y a pesar de que me haz concedido el privilegio absoluto, como es estar a tu lado, no comprendo fácilmente tu locura, sólo sé que me he enamorado de ella. Cuando te enamoras de algo y no sabes por qué, es porque la locura radica en tu corazón.
Dadas todas estas las palabras en este escrito, tengo que confesarle algo, maestro: Estoy enamorada de usted. Así es, mi amor crece cada día más, temo perderlo, pero también sería feliz si no estamos juntos toda una vida, pues cada recuerdo me hace llorar de amor. Soy la más torpe aprendiz, pero sé también que soy la más avanzada, y es más, yo sé que usted también me ama. El maestro se ha enamorado de la aprendiz, la aprendiz ama al maestro y el maestro daría su vida por ella. Ambos son uno del otro, así planteo esta situación y puedo afirmar que usted también lo considera así.
Sin más ni menos, no espero tu respuesta, pues yo ya la sé.
Te amo.
Tu pequeña gran aprendiz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario