12/03/15
Cachivacheros, quiero compartirles algo que he pensado un buen tiempo; es sobre Frederic Chopin, un pianista y compositor polaco que me fascina. Sus piezas son bellas y otras sublimes, ni siquiera pueblo explicar lo que siento cuando lo escucho. Lo más curioso es que mi gusto por su música se intensificó a causa de un chico llamado anónimo: me dedicó un nocturno. De ahí en adelante, si existiese una película de mi vida, el fondo musical sin duda sería música de Chopin.
Cachivacheros, quiero compartirles algo que he pensado un buen tiempo; es sobre Frederic Chopin, un pianista y compositor polaco que me fascina. Sus piezas son bellas y otras sublimes, ni siquiera pueblo explicar lo que siento cuando lo escucho. Lo más curioso es que mi gusto por su música se intensificó a causa de un chico llamado anónimo: me dedicó un nocturno. De ahí en adelante, si existiese una película de mi vida, el fondo musical sin duda sería música de Chopin.
Mientras que los nocturnos pueden explicar la etapa más feliz de mi vida, la marcha fúnebre describe perfectamente el comienzo de un ciclo oscuro y triste de mi existencia. Les hablaré de Tristesse, una pieza que sencillamente se me hace todo menos triste. No sé si Frédéric la compuso porque ese era su estado de ánimo, pero cuando yo la escucho sonrío, ¡es bellísima la composición! La marcha fúnebre, por el contrario, es y siempre será, el himno de mi tristeza así como Spiegel im Spiegel de Arvo Pärt, cada uno en una temporalidad casi unida.
Igual y resulta ridículo para algunos el hecho de expresarse por medio de música, o puede considerarse dramático y exagerado para otros, mas a mí me resulta sublime que alguien se exprese así; a veces la música es más directa que las palabras, y eso que a mí me gusta mucho escribir. Las canciones con letra pueden decirte muchísimas cosas, pero en las palabras no hay más misterio que sin ellas; cuando no existen voces, cuando no hay ninguna letra que dictamine lo que tienes que entender, es más comprensible el mensaje, pues a mí consideración, se escucha con el corazón.
Tristesse puede parecerme alegre y suave, pero para el compositor puede ser la máxima expresión de su dolor y tristeza. La música sin letra da lugar a muchas interpretaciones y malinterpretaciones, pero me atrevo a afirmar que escuchándole con el corazón, se puede entender perfectamente el mensaje. Y entiéndase mi expresión "con el corazón" como el equilibrio entre la objetividad o razón y emoción. Atribuirle sentimentalismos al corazón me parece absurdo, un concepto que sólo confunde a las personas para hacerles creer que sus caprichos y obsesiones son producto del amor. También decir que la razón sólo es obra de la mente me parece de lo más escéptico y materialista, pues es precisamente esta fragmentación la que no nos permite llegar a un conocimiento objetivo y universal.
No soy una erudita en estos temas ni mucho menos pretendo serlo, quizá me equivoco en todo lo que digo o tal vez no, pero no importa mucho tampoco: es lo que pienso y sigo aprendiendo. Quizá mañana deje de afirmar todo esto o probablemente muera con estos pensamientos hasta el fin de mis días, pero es lo que mi neófita cabecita ha formulado "con el corazón". Podría escuchar a Chopin y pensar en Kant, acordarme de Tesla y de Buda (aunque no sepa mucho) o incluso de Shakespeare.
Comprender las cosas de forma anacrónica, como me sucede muchas veces, sólo nos lleva a la perdición; es decir, estancarse en el pasado, pensar en el futuro y sobrevivir en el presente sin pensar siquiera en la vida como un mismo tiempo. Se me viene a la mente la biblia; un libro tan citado y tan poco comprendido que sólo es visto con ojos historiadores o materialistas. Que esto o aquello resulta ilógico o que si lo otro es imposible o absurdo, en fin, siempre fragmentando el conocimiento, el tiempo, la vida. Una vez le dije a este chico anónimo: "Creo que antes había menos ignorancia que ahora" y lo sigo creyendo, quizá hasta lo afirmo pero mis jóvenes ojos tienen mucho por ver aún.
Chopin sólo es un pequeño universo que se extiende a otros que se expanden por el infinito. Así es todo: una conexión, una red, una órbita donde todo gira hacia el mismo lugar. Un sólo punto, el punto.
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