Bien, sé que quiero ser feliz, sé cómo hacerlo, sé que me falta, el problema es, ¿seguir con la pieza faltante y sustituirla por algún otro ingrediente? O ¿Esperar a que el ingrediente esté listo?
Esperen... ¿Y si yo no estoy lista para usar ese ingrediente? Tal vez ahí la respuesta sea continuar sin el ingrediente hasta que este lista para usarlo. ¿Y si estoy lista para usar el ingrediente pero éste ya no está disponible? En este caso, quizá deba esperar o también seguir adelante hasta que el ingrediente aparezca de nuevo. Ésta respuesta me parece bien, pero ¿y si me acostumbro a seguir sin ese ingrediente y cuando llegue yo ya no lo necesito? ¿Tendrá caso aceptarlo de nuevo y acostumbrarme a él con el riesgo de que desaparezca de nuevo o se acabe otra vez y volver a sufrir? ¿Y si sigo adelante y el ingrediente aparece, lo acepto sin acostumbrarme ni esperar nada de él y se va una vez más? Obviamente si parte, mis comidas no tendrán el mismo sabor y añoraré el viejo sazón de ese ingrediente o al menos me extrañaría de algún modo, pues no soy un objeto inanimado, tengo sentimientos.
Bien, sé que quiero ser feliz, sé como hacerlo, sé que falta y sé que hacer si falta o no, también sé que sentiré si eso sucede... ¿Pero cuando tiempo hay que esperar para ver la respuesta del ingrediente? Podría mantenerme ocupada hasta que eso suceda o sentarme y permanecer inmóvil también. Lo de menos es saber que haré durante la espera y la forma en que esperaré, la cuestión es saber de cuánto tiempo será la espera. Soy humano y así como puedo ser paciente también puedo ser lo contrario, por lo tanto el tiempo dictamina el ser o no serlo. Sé que no quiero esperar, pero también sé que si no espero, sufriré. Y si espero, también, pues me afecta la ausencia de ese ingrediente. Ahora, si no espero, sé que el sufrimiento será breve y con ciertas cicatrices. Si espero, el sufrimiento es indefinido y con cicatrices también, pero cicatrices no tan grandes como las que tendría si no espero. Por lo tanto concluyo que la espera y el dolor no importan más que el tiempo, pues el tiempo dictamina el sufrimiento y su duración.
En conclusión el problema es el tiempo. Y odio el tiempo que tarda en llegar aquel ingrediente. Odio que ese ingrediente sea indispensable, odio que ese ingrediente le de sazón a mis platillos, ¡odio que ese ingrediente sepa que es esencial en mi vida!, odio que ese ingrediente crea que no sé cocinar, que no sé qué quiero y qué no sé qué hacer con mis platillos. Odio saber que puedo vivir sin ese ingrediente y aún así quererlo en mi cocina. ¿Por qué lo probé, saboreé y conservé? ¿Por qué lo conocí? Deliciosa perdición, indispensable en mi guarnición. Que este amor acabe por la paz o continúe por mi bien. Tiempo, no me tortures, si mi ingrediente tarda, no parezcas eterno y si está por volver haz las horas segundos. ¡Maldito ingrediente! Odio no poder odiarte... ¿Maldito? Maldito y bendito, maldita desgracia, bendita la fortuna de haberte probado. Pero si ya no existes para satisfacer mi paladar, no vuelvas más y que el tiempo lo cure todo, de lo contrario, no demores, o yo misma partiré antes de morir de tristeza o vivir en la monotonía.
Estúpido ingrediente, sazona mis platillos, consiente a mi paladar, quédate en mi cocina... Y jamás te partas o seré yo la que parta para siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario