Eran las 6:00 P.M., mi mano estaba sujeta a su mochila y mi cuerpo estaba sujeto a la ira. 6:01, era demasiado tarde para soltarlo pero aún estaba tiempo para dejarlo ir. Era en esos momentos en lo que yo me odiaba y quería dejar de existir, pues era absurdo seguir lastimándome, pero de cualquier forma lo hacía. Con o sin él, mi vida era un infierno y lo único que me hacía sentir sana y salva, era el asa de su mochila, era la soga que me salvaba en medio del risco.
Pensé en mi tarea, en su tarea, en nuestras madres preocupadas, en mi angustia y en su desesperación. Cada minuto se hacía más tenso y yo sabía que hacer, pero negaba a creer que fuese la solución, y más allá de la incredulidad de la respuesta, tenía miedo a hacer el bien, por temor al castigo, al juicio, al rechazo... Cada que cometía un error, aunque no era castigada como a la peor de las bestias, lo hacía con lo que más dolor me causaba: el rechazo. Sentía su furia y entre más carraspeaba, más me aferraba en permanecer a su lado, como si fuese oxígeno, como si fuese un órgano, sin el cual, pudiese vivir. Seguía sujeta a su mochila, y entre golpe y golpe, ésta se rompía, provocando más ira. ¡Por favor deja de carraspear! Eres el monstruo debajo de mi cama, el cual creí haber vencido, eres la oscuridad que creí haber superado, eres el regaño que creí soportar...
3:00 P.M. Necesito hablar contigo, escúchame, por favor, soy incapaz de vencer esta oscuridad, te necesito estoy harta de verte con ella, todo ella, ¡todo ella! no, no es todo ella, lo sé, no me juzgues, entiende que me frustra no verte conmigo, y no por falta de tiempo, si no por falta de aquello que aún no sé qué es y no me quieres explicar ¿acaso no te basta con estar con ella unas horas? ¿dónde quedo yo? en tu corazón, me amas, lo sé, lo sé, soy la más infeliz de todas por no tenerlo siempre en mente como tú quisieras, perdóname por no comprenderlo, pero me siento sola, ya no me prestas atención como antes, ya ni siquiera me miras con devoción, siento que te he perdido aunque sigas aquí a mi lado... y la discusión continúa en lo mismo, es la insistencia de un corazón lastimado.
4:00 P.M. ¡Escúchame, por favor! y dentro de mí:
[Una mujer con dignidad se retiraría, una mujer que se valora a sí misma, no necesitaría de los oídos de un necio para sentirse escuchada. Sólo da un paso atrás y date la vuelta. ¿Tan difícil es? Mírate, ojerosa, con los ojos hinchados, el cuerpo lleno de heridas... Estás sumamente delgada, ve a comer, ve a hacer tu tarea, ve a relajarte de esta riña, él no lo entenderá ahorita, pero ten la seguridad de que lo hará o de lo contrario, ¡vete! y no vuelvas... Una persona que ve tus lágrimas y no hace nada, jamás entenderá tu dolor. Pues a quien le importas en verdad, aunque actúe en el silencio, sus actos hablarán por ella.
¡Déjame en paz! ¡No entiendes nada! Sé muy bien que dices la verdad, pero qué importa que haga todo eso, él jamás verá mis buenos actos, todo lo ve mal en mí...
¿Podrías callarte? Bien me das la razón; si él no ve tus buenos actos, ¿por qué sigues ahí, lastimándote? Sea falso o verdadero, él sabe por qué actúa así contigo...
¡Él no es así! ¿Por qué actúa de esa forma conmigo? ¡Qué gana más que problemas tratándome de ese modo! Déjame, necesito saber sus razones....]
Te lo suplico, escúchame... Las lágrimas resbalaron otra vez, el llanto, el llanto, el llanto... ¡Una vez más esa cascada de dolor! Y entre sollozos, gemidos y gritos, lo que quiero decirte es esto:
No hay comentarios:
Publicar un comentario