En realidad, no sé cómo empezar esta nota... Podría ser... No, así no... Bueno, estoy nerviosa, pero aquí voy:
Hace 2 años conocí a un hombre, para ese entonces yo tenía 15 años y el 16, días después él cumpliría 17 años, o sea, es 2 años mayor que yo. Solíamos caminar a cualquier parte que se nos ocurriese, y en una ocasión decidimos ir hacia un observatorio cerca de la ciudad, donde, sin pensarlo, nos hicimos pareja. Y no sé cómo es que en un abrir y cerrar de ojos, estamos los dos a punto de cumplir 2 años como tal. Quizá suena fastidioso el número 2, pero así fue, es y será.
Sí, efectivamente lo amo muchísimo, y puedo decir que ese amor está intacto en cuanto al sentido, que ha evolucionado en la forma de expresión y que ha crecido en tamaño. Me conoció siendo una chica tímida con él y extrovertida con el resto, quizá él no lo notaba, pero moría de pena al contar con su presencia. Y aunque antes de hablar lo repudiaba por sus gritos, lo que me resultaba molesto, de pronto, fue lo más encantador; ya notaba su presencia, y no lo podía evitar, incluso hasta en la redes sociales me agregó y el contacto fue cada vez más cercano. Y aclarando lo de los gritos: él solía nombrar a Kalab (compañero nuestro) en voz alta por toda la escuela y cada que lo escuchaba reventaba, hasta que, bueno... Me sonrojaba.
Las cosas surgieron tan rápido y tan lento a la vez. Podía jurar en esos momentos que lo conocía de años, y ahora lo afirmo. Aquel encuentro por las escaleras de la escuela, aquella solicitud en mi cuenta de Facebook y aquel primer encuentro personal, fue el inicio de todo. El tiempo, ¿qué es el tiempo? Pasa tan lento que recuerdo cuando lo besé por última vez y pasa tan rápido que recuerdo cuando lo besé por primera vez. Es increíblemente lento en los momentos más difíciles y profundamente bellos, y sumamente rápido cuando miro hacia atrás y me doy cuenta que han pasado 2 años.
Por supuesto que no sé si esto acabará pronto o nunca, pero ayer, hoy y mañana es hermoso, aún con las peleas y las discusiones nada agradables en el momento, ¿y por qué hermoso? porque nos damos la oportunidad de cambiar, de solucionar, de transformarnos, de trascender... Sí, sí me quiero casar con él. Sí, sí lo he visto en fachas, cuando le apesta la boca, cuando no duerme y viceversa. Y he ahí lo bello: verse tal cual. También lo he visto y vestido, oh sí... Perdón, visto, lo he visto bien arreglado. No de traje, pero la ocasión se dará, cuando ambos estemos frente a frente haciendo el pacto final, el voto más profundo: el matrimonio.
¿Alguien podría explicarme por qué escribo esto? Si supieran, ¡si yo misma supiera! Tal vez sí lo sepa, pero no sé explicarlo o quizá, no hay palabras... Bien: 10 de septiembre de 2012, nos conocimos en persona, frente a frente. Tan torpes, tan inocentes y con las ¿emociones?, ¿pensamientos?, ¿sentimientos? (no sé cuál poner, creo que es todo o quizá me faltan) más puros. 18 de septiembre, la expresión de aquello en un abrazo, un beso en la mejilla y la mirada más penetrante y sincera. 19 de septiembre, la confirmación, la unión de nuestra vidas. Y aunque no hubiésemos sido pareja el 19, con tal sólo vivir el 18, sabría que desde ese momento mi vida habría cambiado. Afortunadamente, todo se dio como estaba escrito.
Hemos vivido muchísimas cosas, todo nos ha traído grandes lecciones, a la buena o a la mala. No creo considerable añadir detalles, lo dejo a la imaginación, sólo espero que no tengan mentes tan perversas pero tampoco tan ingenuas. De lo que sí pueden estar seguros, es que nunca hemos fallado a nuestra palabra, y por muchos o pocos celos que hayan, tenemos claro que uno sólo tiene ojos para el otro. Y no siendo tan literales, esto significa que mi cuerpo, mi alma, mi mente, todo, es de él y viceversa. No en un sentido de propiedad, sino de unión, de complementación. Somos una dualidad: yo tan dinámica, él tan metódico; yo tan extrovertida y él introvertido. Yo tan Kiwi, él tan Förle. Yo tan Daniela, él tan Ángel, yo tan Ollin y él tan Mallin. Somos uno, cada uno siendo un todo. El uno no es nada sin el todo, el todo no es posible sin el uno.
Para mi bebé:
Te amo tanto, pequeño cubito de hielo que se derrite por el calor de su corazón... Trascendamos juntos. Sigamos siendo uno. 2 años, pasaron rápidamente lento, lentamente rápido. Que nuestra imperfección sea la oportunidad para ser mejores siempre. Si ya pasaste del Kiss 9.0 al Kiss 10 + un millón (sí, me encantan tus besos...), ¿por qué no pasar de novios a esposos? Suenan muy comprometedoras mis palabras, pero es la verdad: tenemos un compromiso. Tenemos unos anillos con una aleación sencilla, pero lo que importa es lo que hacemos para que esto crezca. Lo que siempre he admirado de ti, es que nunca olvidas una promesa, así que no hace falta agregar más, tú lo sientes conmigo: sientes que esto es verdadero.
"Dame tu corazón, voy a tratarlo bien. De vez en cuando me voy sin avisar, no es para tanto, vuelvo hoy. Lo que siento por ti, te lo voy a decir, aunque no es nada fácil, es algo que creo mereces oír. Lo que siento por ti, suena dentro de mí. Yo te amo corazón, y me muero por decírtelo. ¡Es amor! ¡Es amor! Lo que yo siento..."
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