domingo, 19 de octubre de 2014

Demasiados chiclosos por hoy.

No creí poder deleitarme con 20 pesos, suena escasa la cantidad, pero es mi boca es tan abundante... Una noche, camino a mi parada, pasé por una dulcería y teniendo en mente el último beso que nos dimos él y yo, generé un plan en mi cabeza. Aclaro que con el beso quiero dar a entender que haber sentido aquella unión entre sus labios y los míos, me nació, como producto de todo aquel cariño que en días no pude darle, hacerle un regalo.

Entré a la tienda de dulces y ante mí estaban decenas y decenas de colores, sabores y olores. Fue lo más delicioso que pude experimentar en cuanto comestibles, pues aunque no probé ningún dulce, tan sólo imaginar su sabor me provocaba placer. Mis glándulas salivales hacían su trabajo de la forma más cruel: producían aquél líquido baboso en abundancia, sin yo poder hacer algo al respecto más que comprar todo y devorarlo en un instante, pero ni todos los productos me apetecían, ni poseía la suficiente cantidad de dinero para adquirirlos.

Después de ver todos esos colores y dar vueltas hasta sentir una escasa náusea por tanta azúcar, me desplacé hasta la planta alta, que ni tan alta era, y ahí el dilema comenzó: de todos los dulces, captaron mi atención unas paletas de leche, unos bombones y unos chiclosos de cajeta. Me imaginaba con una paleta en la boca todos los días, cenando unos bombones asados con una taza de leche con chocolate o todas mis tardes masticando chiclosos. Por un segundo olvidé mi objetivo principal: el regalo, su regalo. Me decidí por los chiclosos. Fui a la caja, los pagué y contenta salí por la puerta con mi paquete de dulces masticables sabor cajeta. Pensaba una y otra vez en todos los posibles regalos que pueden hacerse con mi compra.

Llegué a la parada de taxis y sin preámbulos, abrí el paquete y empecé a comerme varios, y hasta la fecha, aún me como algunos concientizando que son para un regalo. Y hablando del regalo, es para la persona más especial de mi vida: mi pareja. Igual y no le gustan los chiclosos como a mí o igual y lea esta nota antes de recibir mi obsequio, pero mi intención es que sienta la consistencia de los chiclosos de cajeta, y que por muy dulce y placentero que resulte masticarlos, es efímero. No como nuestro amor, pero sí como cualquier impulso nacido de la irracionalidad de la ira.

En ocasiones resulta placentero imponerse ante el otro y lastimarlo, diciendo o haciendo cosas hirientes, muchas veces esto es inconsciente y es el punto; que no nos damos cuenta hasta qué grado soltamos nuestro veneno, en vez de exteriorizarlo a través de la palabra, matamos lentamente uno de los más bellos de comunicación: la boca. "Que estos chiclosos endulcen la boca, más no la adulen, pues mi mayor anhelo es hacernos más suaves y firmes y no más toscos e inconsistentes. Que la dulzura de mi regalo te ayude liberar lo más horribles recuerdos y que mis actos te ayuden a sanar las más grandes heridas. Claro es que mucha dulzura puede empalagarnos, pero que la adecuada puede hacer la relación más rica."

Por si tiene la duda, sí, lo amo. Demasiado, no tienen idea... Y... Él a mí también. Es mutuo, ¿lo entienden? Ese el sentido de complementarse. Aquí siguen los chiclosos, ansiosos por estar su boca, y yo, ansiosa por saber a qué sabrán sus besos después de masticarlos. Muy pronto, muy pronto...

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